Sancho Panza es el escudero de don Quijote y el otro gran protagonista de la novela de Cervantes. Donde el caballero ve gigantes, Sancho ve molinos; donde el amo habla de honra y de gloria, el escudero piensa en la comida, en el sueño y en la ínsula que le han prometido. Esa pareja de contrarios, que recorre La Mancha a caballo y en burro, es una de las más famosas de la literatura universal. Te contamos quién es Sancho, cómo es, quién forma su familia y cuáles son sus momentos más recordados.
En resumen: Sancho Panza es un labrador pobre, vecino de don Quijote en el mismo «lugar de la Mancha», que acepta ser su escudero a cambio de la promesa de gobernar una ínsula. Es bajo, barrigudo, glotón, dormilón y no sabe leer, pero tiene un sentido común a prueba de bombas y habla a base de refranes. Su mujer es Teresa Panza, su hija Sanchica y su burro, el Rucio. Ve directo a cómo es, a su familia o a sus momentos más famosos.

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Quién es Sancho Panza
Sancho aparece en el capítulo 7 de la primera parte, cuando don Quijote prepara su segunda salida y busca un escudero, como mandan los libros de caballerías. Lo encuentra en su propio pueblo: «un labrador vecino suyo, hombre de bien (si es que este título se puede dar al que es pobre), pero de muy poca sal en la mollera». El caballero lo convence con promesas, sobre todo con la de que algún día ganará una ínsula y lo dejará como gobernador. Con esa ilusión, Sancho deja a su mujer y a sus hijos y se echa al camino con su vecino, el hidalgo Alonso Quijano.
Desde entonces no se separa de su amo. Lo acompaña en la segunda y la tercera salida, recibe palos, pasa hambre, duerme al raso y se queja de todo, pero nunca lo abandona. En la segunda parte, cuando los dos ya son famosos porque la primera parte de su historia se ha publicado, Sancho se convierte en un personaje tan querido por los lectores como el propio don Quijote. En nuestro resumen del Quijote puedes repasar todas sus andanzas.
Cómo es Sancho Panza
Cervantes no describe a Sancho con detalle hasta el capítulo 9 de la primera parte, y lo hace de forma curiosa: a través de un dibujo que aparece en el manuscrito árabe de la historia. Allí se ve a Sancho junto a su asno, con un letrero que dice «Sancho Zancas», porque tenía, según la pintura, «la barriga grande, el talle corto y las zancas largas». De ahí le vienen los dos sobrenombres: Panza y Zancas. Es, en todo, lo contrario de su amo, alto, seco y flaco.
Su carácter es tan reconocible como su figura:
- Práctico y con sentido común. Ve el mundo tal como es y avisa a su amo de que los gigantes son molinos y los ejércitos, rebaños de ovejas.
- Glotón y dormilón. La comida y el sueño son sus grandes placeres. En la segunda parte llega a hacer un elogio del sueño: «bien haya el que inventó el sueño, capa que cubre todos los humanos pensamientos».
- Refranero. Habla ensartando refranes, a veces sin venir a cuento, lo que desespera a don Quijote. En nuestra selección de frases del Quijote tienes algunos de los más conocidos.
- Analfabeto. Él mismo lo reconoce varias veces: «ni sé leer ni escrebir». Por eso tiene que dictar sus cartas.
- Miedoso, pero leal. Huye de los peligros siempre que puede, pero no deja tirado a su señor.
- Interesado y a la vez bondadoso. Sigue a don Quijote por la ínsula y el dinero, pero acaba queriéndolo de verdad.
El propio don Quijote resume lo que llega a pensar de él en el capítulo 11 de la segunda parte, cuando lo llama «Sancho bueno, Sancho discreto, Sancho cristiano y Sancho sincero».
La familia de Sancho Panza
La mujer de Sancho es Teresa Panza, aunque en la primera parte el propio Sancho la llama de otras formas: en el capítulo 7 la nombra primero Juana Gutiérrez y, unas líneas después, Mari Gutiérrez. En la segunda parte ya se queda con el nombre de Teresa, y protagoniza con su marido una de las conversaciones más divertidas del libro (capítulo 5), en la que Sancho sueña con casar a su hija con un conde y Teresa le pide que no se le suban los humos.
Tienen al menos dos hijos. La que más aparece es su hija, Mari Sancha, a la que también llaman Sanchica, una muchacha a la que su padre ya imagina como condesa. Mientras Sancho gobierna la ínsula Barataria, la duquesa escribe a Teresa, y la carta llena de orgullo a toda la familia en el pueblo.
El burro de Sancho Panza: el Rucio
Sancho no va a caballo, sino en un asno al que llama el Rucio, por su color pardo claro. Es su compañero inseparable y lo trata casi como a un amigo: le habla, lo echa de menos cuando lo pierde y, cuando caen juntos en una sima en la segunda parte, lo llama «compañero y amigo mío». Te contamos su historia, y la de Rocinante, en el artículo Rocinante y el Rucio.

Los momentos más famosos de Sancho
El manteo en la venta
En el capítulo 17 de la primera parte, don Quijote se marcha de la venta (que él toma por castillo) sin pagar, y quien lo paga es Sancho: unos huéspedes lo sacan al corral, lo ponen en el centro de una manta y lo lanzan por los aires una y otra vez. Sancho no olvidará nunca el manteo, y lo saca a relucir cada vez que su amo le habla de castillos encantados. Te contamos dónde se sitúa esta escena en el post sobre la Venta del Quijote.

El encantamiento de Dulcinea
En el capítulo 10 de la segunda parte, don Quijote manda a Sancho a El Toboso a buscar a Dulcinea. Sancho, que nunca la ha visto, se inventa una salida: cuando aparecen por el camino tres labradoras montadas en borricos, le jura a su amo que una de ellas es la dama y que va con sus doncellas. Don Quijote solo ve a tres aldeanas, y concluye que unos encantadores han transformado a Dulcinea. Es la primera vez que el escudero engaña al caballero con sus propias armas, y el encantamiento marcará toda la segunda parte. Si quieres pisar el escenario, mira qué ver en El Toboso.
El gobierno de la ínsula Barataria
Por fin llega la ínsula prometida, aunque sea de broma. En los capítulos 45 a 53 de la segunda parte, unos duques le entregan el gobierno de la ínsula Barataria para reírse de él, y Sancho sorprende a todos resolviendo los pleitos con una sensatez digna de Salomón. Al final renuncia, cansado de pasar hambre y de los sustos, con una frase que lo retrata: «desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; quiero decir, que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo».

La despedida de don Quijote
En el último capítulo de la novela, cuando don Quijote, ya cuerdo, se está muriendo, es Sancho quien intenta devolverle las ganas de vivir: «no se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir». Y le propone salir al campo vestidos de pastores, como habían planeado. El escudero que se rió de las locuras de su amo es ahora el que quiere seguir soñando.
Sancho y don Quijote: dos caras de la misma historia
Al principio parecen opuestos: el idealista y el realista, el loco y el cuerdo, el hidalgo y el labrador. Pero a lo largo del libro se contagian el uno del otro. Don Quijote se vuelve más sensato y aprende de los refranes y la mirada práctica de su escudero, y Sancho se deja ganar poco a poco por los sueños de su amo, hasta creer de verdad en la ínsula y en los encantadores. La crítica ha llamado a este fenómeno la quijotización de Sancho y la sanchificación de don Quijote, y es una de las claves de la novela: los dos personajes crecen porque se tienen el uno al otro.
Dónde encontrar a Sancho en la Ruta del Quijote
Sancho acompaña a don Quijote en muchas de las esculturas y monumentos de la ruta. Junto a la Cueva de Montesinos, en el Campo de Montiel, dos esculturas de hierro recuerdan el episodio en el que Sancho sujeta la cuerda mientras su amo baja a la cueva. En Ciudad Real, varias veces al día, la figura de Sancho se asoma al reloj carillón de la Plaza Mayor junto a Cervantes y don Quijote. Y en El Toboso se puede recorrer el pueblo donde inventó el encantamiento de Dulcinea.

Preguntas frecuentes
Es el escudero de don Quijote, un labrador pobre de su mismo pueblo que lo acompaña en sus aventuras con la promesa de gobernar una ínsula. Es práctico, glotón, dormilón y refranero, y representa el sentido común frente a la locura de su amo.
El Rucio. Es un asno de color pardo claro al que Sancho trata casi como a un amigo y que lo acompaña durante toda la novela.
Teresa Panza. En la primera parte Sancho la llama también Juana Gutiérrez y Mari Gutiérrez, pero en la segunda queda como Teresa. Su hija se llama Mari Sancha, también llamada Sanchica.
Por su figura. En el capítulo 9 de la primera parte, Cervantes cuenta que Sancho tenía la barriga grande, el talle corto y las piernas largas, y que por eso la historia lo llama a veces Panza y a veces Zancas.
Foto de portada: Don Quijote convence a Sancho Panza, grabado de Gustave Doré (1863), dominio público, vía Wikimedia Commons.
