Don Quijote y Sancho Panza no recorren La Mancha a pie. Les acompañan Rocinante, el caballo flaco y viejo del hidalgo, y el Rucio, el burro de Sancho, dos personajes con tanta presencia en la novela que Cervantes llega a decir que su amistad merecería capítulos propios. En este artículo te contamos qué significan sus nombres, sus aventuras más conocidas y cómo es la pareja que forman.
En resumen: Rocinante es el caballo de don Quijote: un rocín flaco al que el hidalgo tarda cuatro días en poner nombre, porque quería uno «alto, sonoro y significativo». El Rucio es el burro de Sancho Panza, y su nombre viene de su color, pardo claro o canoso. Juntos protagonizan escenas como la pelea con los arrieros yangüeses o la noche de los batanes, y Cervantes cuenta que su amistad fue «tan única y tan trabada» como la de sus amos.

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Rocinante, «el primero de todos los rocines»
Cuando Alonso Quijano decide hacerse caballero andante, lo primero que hace después de limpiar sus armas es ir a ver a su caballo. El animal «tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela», es decir, era puro hueso y estaba lleno de defectos, pero a su dueño le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro Magno ni Babieca, el caballo del Cid, se le podían comparar.
Pasó cuatro días pensando qué nombre ponerle, porque un caballo de caballero famoso no podía quedarse sin uno. Al final eligió Rocinante, «nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo». El juego de palabras está en el propio nombre: un rocín es un caballo de mala traza, y «-ante» significa a la vez que antes fue rocín y que ahora va por delante de todos ellos.
El Rucio, el burro de Sancho Panza
Sancho Panza aparece en la segunda salida, y con él su burro. Al preparar el viaje le dice a don Quijote que piensa llevar «un asno que tenía muy bueno, porque él no estaba duecho a andar mucho a pie». Al caballero le chirría un poco, porque no recuerda a ningún escudero de las novelas de caballerías que fuera montado en burro, pero lo acepta.
El burro de Sancho no tiene un nombre propio en sentido estricto. Cervantes lo llama «el rucio», que es el color del animal (pardo claro, blanquecino o canoso), y también «el jumento» o «el asno». Con el tiempo, «el Rucio» se ha convertido en su nombre, y así responde la novela a la pregunta de cómo se llama el burro de Sancho Panza.
Una amistad «tan única y tan trabada»
Igual que sus amos, el caballo y el burro forman una pareja inseparable. En la Segunda parte, mientras don Quijote y Sancho descansan, Sancho le quita la silla a Rocinante y le da la misma libertad que al Rucio, «cuya amistad dél y de Rocinante fue tan única y tan trabada» que, como cuenta el narrador, el autor de la historia le dedicó capítulos enteros que luego no publicó por decoro. Aun así se le escapan detalles: cuando se juntaban, se rascaban el uno al otro, y después Rocinante cruzaba el pescuezo sobre el cuello del Rucio y los dos se quedaban así, mirando al suelo, hasta tres días si nadie los molestaba.

Sus aventuras más conocidas
Rocinante y las yeguas de los arrieros
Sancho dejaba suelto a Rocinante convencido de que era «tan manso y tan poco rijoso» que no le darían problemas ni todas las yeguas de Córdoba. Pero un día, en un valle donde pastaban las yeguas de unos arrieros yangüeses, al caballo «le vino en deseo de refocilarse» con ellas. Los arrieros lo recibieron a palos, y cuando don Quijote y Sancho salieron en su defensa, acabaron los tres molidos en el suelo. Don Quijote tuvo que volver atravesado sobre el Rucio, con Rocinante detrás.

La noche de los batanes
Una noche, en pleno bosque, oyen unos golpes rítmicos y aterradores. Don Quijote quiere ir a enfrentarse a lo que sea, y Sancho, muerto de miedo, ata a escondidas las patas de Rocinante con el cabestro del Rucio para que no pueda moverse. El caballero cree que el caballo está encantado y espera hasta el amanecer, cuando descubren que el ruido salía de unos batanes, los mazos de madera que se usaban para golpear los paños.

El robo del Rucio
En Sierra Morena, mientras Sancho dormía, alguien le robó el burro sin que se diera cuenta. Cervantes no contó bien el episodio en la primera edición, y unas páginas después Sancho aparece montado otra vez en el Rucio como si nada. El despiste fue tan comentado que en la Segunda parte el propio libro lo convierte en broma: el bachiller Sansón Carrasco le cuenta a don Quijote que los lectores echan en falta saber «quién fue el ladrón que hurtó el rucio». Sancho lo aclara: lo dejaron dormido a caballo sobre la albarda, sostenida con cuatro estacas, y el ladrón fue Ginés de Pasamonte, uno de los galeotes que ellos mismos habían liberado. Más tarde lo recupera.
Sancho y el Rucio en la sima
Ya en la Segunda parte, al volver de gobernar la ínsula Barataria, Sancho cae con su burro en una sima. Atrapado en la oscuridad, le habla al animal como a un amigo: «¡Oh compañero y amigo mío, qué mal pago te he dado de tus buenos servicios!», y le promete una corona de laurel si salen de allí. Es una de las escenas más tiernas de la novela, y muestra que para Sancho el Rucio es mucho más que una montura.
Rocinante, el Rucio y la Ruta del Quijote
Los caminos que recorrieron el caballo y el burro son los de La Mancha: el Campo de Montiel de la primera salida, la venta de Puerto Lápice, El Toboso de Dulcinea o la Cueva de Montesinos, donde Sancho espera arriba mientras don Quijote baja atado a una soga. Los tienes todos en el mapa de nuestro resumen del Quijote. Si quieres recorrerlos, en nuestra ruta del Quijote en coche de 4 días tienes el itinerario completo, y en el artículo sobre el «lugar de la Mancha» te contamos de qué pueblo pudieron salir.
Preguntas frecuentes
El Rucio. En realidad la novela no le da un nombre propio: lo llama el rucio por su color, pardo claro o canoso, y también el jumento o el asno. Con el tiempo, el Rucio se ha quedado como su nombre.
Viene de rocín, un caballo de mala traza, y de la terminación ante. Don Quijote lo eligió porque indicaba lo que había sido antes, un rocín, y lo que era ahora, el primero de todos los rocines del mundo.
Un caballo viejo y flaco, en los huesos y lleno de defectos. La novela dice que tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, aunque a don Quijote le parecía mejor que Bucéfalo o Babieca.
Ginés de Pasamonte, uno de los galeotes que don Quijote y Sancho habían liberado. Se lo robó en Sierra Morena mientras Sancho dormía, y Sancho lo recuperó más adelante. La explicación completa llega en la Segunda parte, porque Cervantes no la contó en la primera edición.
Imagen de portada: grabado de Gustave Doré (1863), dominio público, vía Wikimedia Commons.
