Alonso Quijano: quién era el hidalgo que se convirtió en don Quijote

Antes de ser don Quijote de la Mancha, el protagonista de la novela de Cervantes era Alonso Quijano, un hidalgo pobre de un pueblo de La Mancha que pasaba los días leyendo libros de caballerías. En este artículo te contamos quién era, cómo vivía, por qué cambió de nombre y qué hidalgos reales pudieron inspirar el personaje, con los lugares donde todavía se puede seguir su rastro en la Ruta del Quijote.

En resumen: Alonso Quijano es el nombre del hidalgo que, a los cincuenta años, se vuelve loco leyendo libros de caballerías y decide hacerse caballero andante con el nombre de don Quijote de la Mancha. Cervantes duda de su apellido al principio (Quijada, Quesada o Quejana) y solo lo llama Alonso Quijano el Bueno al final, cuando recupera el juicio antes de morir. Como posibles modelos reales se han propuesto Alonso Quijada de Salazar, de Esquivias, y Rodrigo de Pacheco, de Argamasilla de Alba.

Alonso Quijano, ya cuerdo, dicta su testamento en la cama rodeado del cura, el escribano, la sobrina, el ama y Sancho Panza
Alonso Quijano dicta su testamento (Segunda parte, capítulo 74), en una edición ilustrada de 1880-1883. Foto: Biblioteca de la Facultad de Derecho y Ciencias del Trabajo de la Universidad de Sevilla, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons

Quién era Alonso Quijano

El primer capítulo del Quijote lo retrata en pocas líneas. Es un hidalgo «de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor», es decir, de los que conservan las armas de sus antepasados pero tienen poco dinero. Ronda los cincuenta años y es «de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza».

Su vida es modesta. Cervantes detalla hasta lo que come: «una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos», y en eso se le van las tres partes de su hacienda. En casa viven con él un ama que pasa de los cuarenta, una sobrina que no llega a los veinte y un mozo que lo mismo ensilla el caballo que poda las viñas.

¿Quijada, Quesada, Quejana o Quijano?

Igual que el «lugar de la Mancha», el nombre del protagonista es un pequeño misterio que Cervantes deja abierto a propósito. Al presentarlo dice que «tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada», aunque «por conjeturas verosímiles» se llamaba Quejana. Cuando vuelve molido de su primera salida, su vecino Pedro Alonso lo reconoce y lo llama «señor Quijana», y el narrador añade que así debía de llamarse «cuando él tenía juicio».

El nombre completo, Alonso Quijano, solo aparece en el último capítulo de la Segunda parte. Es el que ha quedado, y por eso es el que se usa hoy para hablar del hombre que había detrás del caballero.

El labrador Pedro Alonso ayuda a don Quijote, molido a palos, a volver a su aldea, grabado de Gustave Doré
Su vecino Pedro Alonso lo devuelve a casa y lo llama «señor Quijana» (Primera parte, capítulo 5). Grabado de Gustave Doré (1863), dominio público, vía Wikimedia Commons

Cómo perdió el juicio

En los ratos libres, que eran casi todos, Alonso Quijano leía libros de caballerías, las novelas de aventuras de la época. Se aficionó tanto que dejó la caza y el cuidado de su hacienda, y llegó a vender «muchas hanegas de tierra de sembradura» para comprar más libros. Sus favoritos eran los de Feliciano de Silva, con frases enrevesadas como «la razón de la sinrazón que a mi razón se hace», que pasaba horas intentando descifrar.

El resultado lo resume Cervantes en una de sus frases más célebres: «del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio». A partir de ahí, todo lo que había leído (encantamientos, batallas, desafíos, amores) le pareció verdad.

De Alonso Quijano a don Quijote de la Mancha

Ya «rematado su juicio», decide hacerse caballero andante. Limpia unas armas oxidadas que habían sido de sus bisabuelos, se fabrica una celada de cartón y dedica cuatro días a buscar nombre para su caballo, al que llama Rocinante. Para sí mismo tarda otros ocho días, hasta dar con «don Quijote». Y como el famoso Amadís había añadido a su nombre el de su tierra para llamarse Amadís de Gaula, él hace lo mismo y se convierte en don Quijote de la Mancha.

Le falta una dama, y la encuentra en Aldonza Lorenzo, una labradora de un pueblo cercano de la que había estado enamorado sin que ella lo supiera. La rebautiza como Dulcinea del Toboso, «porque era natural del Toboso», y con eso queda listo para su primera salida. Hoy en El Toboso se visita la Casa-Museo de Dulcinea.

Su gente: la sobrina, el ama, el cura y el barbero

Alrededor de Alonso Quijano se mueve un pequeño mundo de pueblo que reaparece a lo largo de toda la novela:

  • La sobrina, Antonia Quijana, que hereda toda su hacienda.
  • El ama, que pasa de los cuarenta y es quien quema sus libros.
  • El cura, el licenciado Pero Pérez, «hombre docto, graduado en Sigüenza», con quien discute sobre quién fue mejor caballero, Palmerín de Inglaterra o Amadís de Gaula.
  • El barbero, maese Nicolás, que intenta devolverlo a casa junto al cura.
  • Sancho Panza, un labrador vecino suyo, al que convence para que sea su escudero prometiéndole el gobierno de una ínsula.

Tras la primera salida, el cura y el barbero revisan su biblioteca en el famoso «donoso y grande escrutinio», salvan unos pocos títulos y condenan el resto. Esa misma noche el ama quema en el corral todos los libros de la casa.

El ama arroja al fuego los libros de caballerías de don Quijote, grabado de Gustave Doré
El ama quema los libros de caballerías (Primera parte, capítulo 7). Grabado de Gustave Doré (1863), dominio público, vía Wikimedia Commons

Alonso Quijano el Bueno: la vuelta a la cordura

Después de tres salidas y decenas de aventuras, el caballero vuelve a su aldea derrotado y cae enfermo. Tras dormir más de seis horas seguidas despierta cuerdo y anuncia: «ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno». Reniega de los libros de caballerías, se confiesa y dicta testamento, en el que deja su hacienda a su sobrina y pide que a Sancho no se le reclame el dinero que guarda.

Muere en su cama, «entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron», y el cura pide al escribano que dé fe de que Alonso Quijano el Bueno, «llamado comúnmente don Quijote de la Mancha», ha muerto de forma natural. Así ningún otro autor podría resucitarlo para escribir nuevas aventuras, una pulla a Avellaneda, que ya había publicado un Quijote apócrifo.

¿Existió un Alonso Quijano real?

No hay pruebas de que Cervantes retratara a una persona concreta, pero dos hidalgos de la época se proponen como posibles modelos:

  • Alonso Quijada de Salazar, de Esquivias (Toledo), pariente de la mujer de Cervantes. El escritor vivió en su casa tras casarse en 1584. Era aficionado a la lectura y acabó como fraile agustino, y su apellido es uno de los que la novela da al protagonista. Su casona es hoy la Casa-Museo de Cervantes.
  • Rodrigo de Pacheco, de Argamasilla de Alba (Ciudad Real). Aparece en un cuadro exvoto de 1601 que se conserva en la iglesia de San Juan Bautista, y la tradición local lo considera el modelo de don Quijote por la enfermedad que se le atribuye.
Cuadro exvoto de don Rodrigo de Pacheco orando junto a una dama bajo la Virgen, en la iglesia de San Juan Bautista de Argamasilla de Alba
Exvoto de don Rodrigo de Pacheco (1601), en Argamasilla de Alba. Foto: Jl FilpoC, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Los dos pueblos están entre los candidatos a ser el «lugar de la Mancha» de la novela, un debate que repasamos en nuestro artículo En un lugar de la Mancha: ¿cuál es el pueblo de don Quijote?

Dónde seguir el rastro de Alonso Quijano

En Argamasilla de Alba, la visita guiada que sale de la oficina de turismo a las 11:00 incluye la Cueva de Medrano, donde la tradición sitúa la prisión de Cervantes, y la iglesia de San Juan Bautista con el exvoto de Rodrigo de Pacheco (reserva en el 926 52 32 34; los lunes está cerrado). En Esquivias, a 45 km de Madrid, la Casa-Museo de Cervantes abre de martes a domingo y la entrada cuesta 3 €. Y en Villanueva de los Infantes, el Museo «El Lugar de La Mancha» explica por qué un estudio de la Universidad Complutense situó allí la casa del hidalgo.

Si quieres dormir en el pueblo que la tradición asocia a Alonso Quijano, aquí tienes todos los alojamientos en Argamasilla de Alba.

Preguntas frecuentes

¿Quién era Alonso Quijano?

Es el nombre real de don Quijote: un hidalgo pobre de un pueblo de La Mancha, de unos cincuenta años, que se vuelve loco leyendo libros de caballerías y decide hacerse caballero andante con el nombre de don Quijote de la Mancha.

¿Cómo se llamaba realmente don Quijote?

Cervantes duda al principio: dice que se apellidaba Quijada o Quesada, aunque probablemente Quejana, y su vecino lo llama señor Quijana. En el último capítulo de la Segunda parte el propio protagonista dice llamarse Alonso Quijano, y es el nombre que ha quedado.

¿Por qué se volvió loco Alonso Quijano?

Por leer libros de caballerías día y noche. La novela dice que del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro y perdió el juicio, hasta creer que todo lo que contaban aquellos libros era verdad.

¿Cómo muere Alonso Quijano?

Al final de la Segunda parte vuelve a su aldea derrotado y cae enfermo. Recupera el juicio, renuncia a ser don Quijote, se confiesa, hace testamento a favor de su sobrina Antonia Quijana y muere en su cama, rodeado de su familia, el cura y Sancho Panza.

Imagen de portada: ilustración de una edición del Quijote de 1880-1883. Foto: Biblioteca de la Facultad de Derecho y Ciencias del Trabajo de la Universidad de Sevilla, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

Sobre el autor

Alonso Quijano es un apasionado escritor nacido en algún lugar de La Mancha que, bajo la influencia del icónico hidalgo Don Quijote, ha dedicado su pluma a compartir las maravillas de la Ruta del Quijote en Castilla-La Mancha.

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